Pescando en la bañera se produce un breve remolino, las aguas bajas, a mis pies sumergen. El color del agua comienza a oscurecerse y se aprecia una suerte de retroalimentación expedida por el agujero del desagote, salen desde allí imágenes sucias, habiendo estado tras algún filtro durante mucho tiempo, se incrustan o encallan, o permanecen hundidas como materia abandonada que por la nada vuelve a emerger.
Las imágenes recrean una situación de pequeños tenderos, en una mirada suspicaz revelan esos detalles. Me asusto y saco los pies del agua turbia que mancha mis piernas, gotas espesas de agua enjabonada y restos putrefactos, una sub-especie de algas de cañerías en Verdes resbaladizos.
El sonido del desagote es el sonido de los borbotones de agua sucia que oscurecen las imágenes que yo trato de pescar. No me dejan hacer más que prestar atención. Dejo el anzuelo pegado al fondo, tratando de inspeccionar aquello que no veo, aquello que se perdió, mientras quedo expectante al vomito del agujero, a la regurgitación de la cañería, solo limpieza emana desde dentro, como un cuerpo humano en segregación.
El agujero escupe entre-líneas en papel, borrados por la humedad, ella no deshizo las páginas, solo les dio color.
C.G.

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